La OMSA y la FAO reúnen a autoridades sanitarias para analizar el comportamiento del virus en distintos países de la región, conocer los mecanismos de control y respuesta aplicados, así como los avances en el diagnóstico de laboratorios que se han impulsado en la región.
16 de abril de 2026- De enero a marzo de 2026, la región de América Latina y el Caribe ha reportado ante la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), un total de 25 brotes de influenza aviar altamente patógena (IAAP), con impacto en aves domésticas, silvestres y planteles comerciales.
Dado este escenario, la OMSA en conjunto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el marco del programa de control de enfermedades transfronterizas de los animales (GF-TADs por sus siglas en inglés), convocaron a una reunión de coordinación regional de emergencia. Esta reunión tuvo como objetivo reportar la situación global de la esta enfermedad, así como también conocer las medidas de los países de América Latina y el Caribe para enfrentar la situación actual y facilitar el intercambio técnico entre los servicios veterinarios oficiales de la región.
La actividad contó con la participación de autoridades veterinarias y especialistas en epidemiología de 17 países de América Latina y el Caribe. Así mismo, algunos de los países que han reportado brotes de diciembre de 2025 a la fecha, como Estados Unidos de América, Islas Caimán, Argentina y Chile, compartieron con el resto de la región su situación epidemiológica y la experiencia para enfrentar los brotes.
«La FAO reafirma su rol como agencia técnica especializada para apoyar a los países de la región en las acciones contra la influenza aviar altamente patógena. Dado su carácter transfronterizo, resulta esencial fortalecer la coordinación entre países, organismos internacionales y actores públicos y privados. En este contexto, continuamos ampliando nuestra asistencia técnica a los servicios veterinarios oficiales, mejorando los sistemas de vigilancia, apoyando la preparación de planes de respuesta y promoviendo medidas de bioseguridad, con el objetivo de prevenir y contener la propagación de la enfermedad en la región», señaló Rene Orellana Halkyer, subdirector general y representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe.
En tanto, Francisco D’Alessio, Representante Regional de la OMSA y Secretario del GF‑TADs para América, destacó que «los esfuerzos coordinados entre los países contribuyen a alinear las estrategias de prevención y control de la influenza aviar. A su vez, la colaboración entre las diferentes organizaciones internacionales es fundamental para asegurar un trabajo mancomunado y eficiente en concordancia con las normas internacionales y las estrategias globales, promoviendo el apoyo a los países por medio de los laboratorios de referencia internacional y centros colaboradores, así como en la formación de capacidades en los temas transversales y fomentando la continuidad en el comercio seguro».
En la oportunidad, el Laboratorio Federal de Defensa Agropecuaria LFDA de Campinas/Brasil, centro de referencias internacional, presentó los avances en el diagnóstico laboratorial en los últimos años, destacando el fortalecimiento de capacidades técnicas y la actualización de metodologías diagnósticas. Asimismo, se resaltó el trabajo coordinado de la Red Sudamericana de Laboratorios de Diagnóstico de Influenza Aviar y Enfermedad de Newcastle (RESUDIA), como una iniciativa clave para promover el intercambio de información y la armonización de criterios y procedimientos entre los países de la región.
Larissa Zanette, coordinadora de Sanidad Animal de la oficina regional de la FAO para América Latina y el Caribe, compartió algunos aspectos claves para abordar la emergencia, de acuerdo con la estrategia global 2024 – 2033 para la prevención y control de la influenza aviar altamente patógena, desarrollada en conjunto entre OMSA y la FAO.
En materia de detección temprana, las recomendaciones apuntan a fortalecer las capacidades de los laboratorios nacionales, adoptar estrategias y protocolos de vigilancia costo-efectivos que permitan una actuar rápidamente, involucrar a las comunidades locales y empoderar a los jóvenes y al sector privado para apoyar el reporte de sospechas de la enfermedad, así como crear incentivos y eliminar barreras para la notificación oportuna a las autoridades nacionales competentes.
En cuanto a la respuesta, se recomienda establecer mecanismos que permitan una intervención oportuna, como fondos de emergencia, estructuras unificadas de gestión, fortalecimiento de capacidades operativas y mecanismos anticipados para asegurar la disponibilidad de insumos críticos.
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